CIUDAD DE MÉXICO (apro).- En contra de los recortes a todas las prestaciones salariales y en busca de un “periódico de iguales”, el Sindicato Independiente de Trabajadores de La Jornada (Sitrajor) colocó, en punto de las 17:00 horas, las banderas rojinegras en los dos accesos principales del rotativo, y procedió a estallar la huelga.

Hoy, finalmente, el conflicto laboral que habían mantenido el sindicato del diario de circulación nacional y la empresa Desarrollo de Medios SA de CV (Demos) desde principios de año, llegó a uno de sus puntos clave.

“Cinco, cuatro, tres, dos, uno… ¡Estamos en huelga! ¡Estalló la huelga!”, gritaron alrededor de 100 trabajadores mientras Judith Calderón, secretaria general del sindicato, anudaba las banderas en uno de los pilares del enrejado de La Jornada.

La petición del sindicato se sintetiza en una sola: que se respete el contrato colectivo de trabajo (CCT) de 31 años de antigüedad, porque a partir de enero Demos, “de manera unilateral”, descontó todas las prestaciones y sólo pagó los salarios y vales despensa.

“Cerca de 55 compañeros fueron desplazados; los orillaron a irse, porque algunos llegaron a ganar únicamente 500 por semana. Claro que no les convenía; los obligaron a encontrar mejores trabajos”, narró uno de los tres abogados del Sitrajor, José Luis Contreras.

Judith Calderón puso otro ejemplo: “Nuestros corresponsales de los estados, como Miroslava Breach o Javier Valdez, no estaban asegurados. Las condiciones en que trabajan los reporteros en los estados son lamentables. Por eso estamos en huelga”.

Según detalló Contreras Montes, el argumento que Demos sostuvo para validar los recortes a las prestaciones fueron los problemas económicos por los que atraviesa el impreso, sin embargo, “el Sitrajor demostró que la empresa tiene gastos de operación excesivos y que el contrato colectivo no es la causa de la dificultad económica”.

Desde el inicio de las pláticas en la Junta Local de Conciliación y Arbitraje (JLCA), señaló el litigante, Demos nunca presentó una contrapropuesta a los descuentos de las percepciones de los trabajadores.

En contraste, el sindicato hizo al menos cuatro propuestas, entre ellas disminuir las prestaciones en 27 o 26%; incluso aceptaría el recorte de 40%, exceptuando el monto por despensa. Pero Demos mantuvo una postura invariable: el recorte sería a todas las prestaciones en 50%.

Sin más, este viernes en la Asamblea General Permanente se abrieron las urnas y los sindicalizados votaron. De una plantilla de 206 afiliados, 133 estuvieron a favor, 64 en contra y se contabilizaron seis abstenciones. De esta forma se dio luz verde a la huelga La Jornada.

Cinco minutos antes de las 17:00 horas la angustia de los sindicalizados era evidente. Los trabajadores abandonaron con prisa el edificio, mientras llamaban a desalojar el inmueble.

Atrincherados en la entrada principal del edificio localizado sobre avenida Cuauhtémoc 1236, en la colonia Santa Cruz Atoyac de la delegación Benito Juárez, los jornaleros aguardaban impacientes el movimiento del reloj.

“Faltan los de la cafetería”, los de tal o cual departamento, denunciaban los sindicalizados. Otros corrían por las correas de seguridad y algunos más extendían las mantas y banderas de protesta.

Un minuto antes de la hora para dar paso a la interrupción de actividades, gente cercana a Tania Olmos, gerente de Demos, pegó un comunicado en una de las puertas de cristal: “Impedirles el paso sería calificado de privación ilegal de la libertad”, sentenciaron.

Pero dieron las 17:00 horas y se declaró la huelga.

Segundos duró la alegría al tiempo que cesaron los aplausos, pues los rumores de sabotaje –intensificados desde la tarde— parecieron cobrar realidad con la aparición de tres actuarios de la JLCA.

Según lo acordado en la Junta, los actuarios certificarían que no hubiera gente dentro de las instalaciones del diario y que por lo tanto nadie estuviera laborando.

De acuerdo con Víctor Contreras, otro de los abogados del Sitrajor, la trampa era evidente porque alrededor de 15 trabajadores, en sintonía con el apoderado legal de la empresa, Alejandro Roel Calvillo, y tres sindicalizados más, se negaron a desalojar el edifico pese a que fueron notificados desde las 15:00 horas.

Adentro, según se pudo corroborar, trabajadores disidentes se desplazaban por todos los pisos para simular que había gente laborando, y de esa manera sabotear la huelga.

“Se hizo del conocimiento de los actuarios que por indicaciones de Roel las personas se movilizaron. Ellos respondieron que estaban en pleno ejercicio de sus libertades, no lo impidieron”, indicó María Rivera Mendoza, otra de las abogadas.

Al final, la comisión sindical salió sin saber el resultado del acta que levantaron los actuarios ni el sentido del documento elaborado por las autoridades locales del Trabajo.

En caso de que se notifiquen labores, de que la JLCA declare “inexistente” la huelga, vamos a impugnar”, advirtió Rivera Mendoza, mientras las banderas rojinegras se mantenían en su sitio.

Esta tarde, la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) se deslindó del conflicto, aunque sostuvo “estar al pendiente de la evolución de los acontecimientos”.

“El gobierno reitera su plena disposición para coadyuvar con dichas autoridades (locales) en aquello que estimen necesario bajo la firme convicción de que el diálogo y la conciliación son la mejor forma de encontrar equilibrios entre patrones y trabajadores”, sostuvo la dependencia federal en un comunicado.

En tanto se define su legalidad o “inexistencia”, La Jornada está en huelga.​

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Fuente y nota completa: Proceso México