Éste ha sido un año mixto en lo que concierne a las adaptaciones fílmicas del trabajo de Stephen King. Ya sea por el fallido despegue de su obra maestra, La torre oscura (The Dark Tower), la cancelación de La niebla (The Mist) con apenas una temporada, o el formidable éxito de Eso (It), parece que no hay espacio para mucho más del aclamado novelista en nuestras pantallas.

 

Es una pena, entonces, que Netflix haya estrenado El juego de Gerald (Gerald’s Game) de forma exclusiva y con poca faramalla, pues se trata de una auténtica gema. A partir de la novela homónima, el director Mike Flanagan construye un compacto, pero potente filme de horror psicológico que diluye las fronteras entre la realidad y la locura, en una traducción efectiva de la fascinación de King por la psique de sus personajes.

 

Contra lo que el título podría sugerir, sobre todo a quienes no estén familiarizados con la obra original, El juego de Gerald tiene menos que ver con Gerald Burlingame (Bruce Greenwood) y más con su esposa trofeo, Jessie (Carla Gugino).

 

La historia arranca con la pareja en un viaje hacia su aislada casa de campo, con la intención de reavivar la sexualidad inerte de su matrimonio.

 

 

Así, la mujer accede a complacer la fantasía de violación de su marido, quien la esposa a la cabecera de la cama. Cuando una discusión y el viagra tienen un desafortunado efecto en el corazón de Gerald, Jessie sólo puede observar mientras su esposo cae fulminado por un infarto.

 

Aun esposada a la cama y aislada de la civilización, Jessie se convierte en la impotente víctima que carga con la película. Gugino brilla como esta mujer cuya percepción, en medio del shock y la deshidratación, cae en la total ambigüedad. ¿Realmente le suceden estas cosas o está imaginando todo como consecuencia de su frágil carácter y los complejos que salen a flote? Aquí la actriz interpreta no a uno, sino a dos personajes: la víctima en la cama y un fragmento de su conciencia que se manifiesta con su instinto de supervivencia.

 

Ya con la brillante Hush a cuestas, queda claro que Flanagan está en su elemento al colocar una protagonista femenina en un escenario precario que, detrás de su aparente sencillez, esconde exploraciones del matrimonio, del trauma del abuso sexual y de la masculinidad tóxica.

 

 

El director, además, logra mantener la tensión alternando entre la visceralidad de su protagonista, retratada siempre de cerca, el parloteo de las voces en su cabeza y saltos temporales hacia sus traumáticos recuerdos de la infancia, pintados de modo expresionista. Las elecciones de encuadres y colores logran dibujar a la víctima y su predicamento de manera cautivadora, pero creíble.

 

Dichos elementos, junto con las sólidas interpretaciones, logran llevar la historia a una satisfactoria resolución que sólo es enaltecida por imágenes todavía más impávidas ante su propia violencia (aquí es donde, quizá, un estreno en Netflix sea más una ventaja, puesto que este tipo de escenas supondrían una limitante clasificación C).

 

 

Quizá El juego de Gerald peque de dos cosas. La primera, algunos diálogos acartonados que, sin duda, funcionan mejor en papel que en bocas de sus intérpretes. La segunda, una fidelidad casi necia a la obra de King en lo que concierne a sus elementos sobrenaturales que, en este caso, se sienten injustificados, sobre todo al considerar el peso que se les otorga en la conclusión de la película.

 

De todas maneras, en un año con tanto de Stephen King en pantalla (y más en camino en el futuro), estamos ante una de las adaptaciones con mejor ejecución visual e interpretativa. Ante la popularidad de Eso o el presupuesto de ésta y La Torre Oscura, es una clara demostración de que, en ciertos casos, menos es más.

 

 

El juego de Gerald (Gerald’s Game)

Dirección: Mike Flanagan

Reparto principal: Carla Gugino y Bruce Greenwood

Estreno: 29 de septiembre 2017

Plataforma: Netflix

Fuente y nota completa: Paréntesis.com