CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El homenaje luctuoso para José Luis Cuevas devino en una manifestación pública de apoyo a sus hijas María José, Ximena y Mariana, quienes desde 2013 tuvieron problemas familiares con la esposa del pintor, Carmen Beatriz Bazán, que las distanció del artista plástico.

El acto que tuvo lugar pasadas las 17 horas en el vestíbulo del Palacio de Bellas Artes, encabezado por la secretaria de Cultura, María Cristina García Cepeda, reunió a miembros de la comunidad artística y cultural, entre ellos, los poetas Marco Antonio Campos y Homero Aridjis, los actores Daniel Giménez Cacho y Patricia Reyes Spíndola, la cantante Astrid Hadad, y hasta las vedetes Wanda Seux y Princesa Yamal.

Los funcionarios públicos Lidia Camacho, titular del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA); Xavier Guzmán Urbiola, subdirector del Patrimonio Artístico Inmueble del INBA; Miguel Fernández Félix, director del Museo del Palacio de Bellas Artes; Eduardo Vázquez Martín, secretario de Cultura de la Ciudad de México; el político Porfirio Muñoz Ledo; la expresidenta del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Sari Bermúdez; Silvia Lemus, viuda del escritor Carlos Fuentes; y Rafael Tovar, hijo del desaparecido Rafael Tovar y de Teresa, primer secretario de Cultura, también acudieron al homenaje.

Era previsible un escándalo, puesto que las hijas de Cuevas dieron a conocer recientemente que no pudieron verlo este último Día del Padre. En diversas ocasiones se quejaron de que tenían vedado el acceso a él, cuando además denunciaron su delicado estado de salud. Incluso, existía el antecedente de que fue sacado del Hospital Médica Sur en 2013 sin haber sido dado de alta, como señaló en su momento su hermano, el doctor Alberto Cuevas.

Una vez colocadas las cenizas dentro del recinto cultural, se realizó la primera guardia encabezada por García Cepeda, Carmen Beatriz Bazán, Eduardo Vázquez Martín. Pero fue durante la segunda guardia con las hijas, que irrumpieron los gritos de ¡Arriba Bertha!, quien fue primera esposa de Cuevas, así como ¡No están solas! ¡No están solas! y ¡Vivan las Cuevas!

La imagen del pintor sonriendo -tomada en 1991 por el fotógrafo Rogelio Cuellar-, era el mudo testigo de esta expresión de la gente que llegó con las hijas, a las cuales Patricia Reyes Spíndola, en declaraciones a Apro consideró su verdadero legado.

El homenaje a Cuevas en Bellas Artes. Foto: Octavio Gómez

El homenaje a Cuevas en Bellas Artes. Foto: Octavio Gómez

“¿Qué le pasó a Cuevas?”

Hasta el discurso de María Cristina García Cepeda, en el cual hizo una semblanza del artista plástico, nacido en esta ciudad en 1931 (reveló su hermano), quedó opacado cuando Homero Aridjis tomó el micrófono sin estar en el programa oficial para recordar al amigo con el que tomaba café en la Zona Rosa, nombre que junto con Luis Guillermo Piazza, puso Cuevas a esa zona de la colonia Juárez.

Y contó que le tocó ver la creación del Museo José Luis Cuevas, ubicado en las calles de Academia y Moneda en el Centro Histórico, “legado para sus hijas” y resultado del trabajo de Bertha, lo cual provocó una andanada de aplausos.

“Me va a quedar para siempre el misterio de José Luis, como el misterio de Nellie Campobello y algunas tragedias mexicanas, queda la pista como el amigo secuestrado, él era otro.

“Me queda la anécdota de Carlota, cuando enloqueció que dicen le habían dado toloache, ¿José Luis no habrá caído en la línea de ese tipo de víctimas? Fue muy extraño todo, todos estos años han sido patéticos. Me pregunto ¿qué pasó? ¿qué le pasó a Cuevas? ¿Por qué había caído miserablemente, cómo es posible que una mente brillante de pronto se haya desvanecido?”

Y reclamó:

“Vine a ver el cuerpo presente de José Luis y me topo con sus cenizas, aparte de su muerte, mi pregunta es ¿por qué lo cremaron rápidamente?”. Nuevamente los gritos del público se escucharon: “¡Queremos la verdad! ¡queremos la verdad!”

El arquitecto Fernando González Gortázar, quien sí estaba invitado a dar el discurso de despedida, citó al pintor Vicente Rojo para señalar que Cuevas no sólo perteneció a la generación de La Ruptura, sino de La Apertura, “porque en realidad lo que hubo es una continuidad cultural y los muertos se reconcilian con los muertos, y Cuevas se reconcilió con la cultura mexicana”.

Se refería al rompimiento que el pintor expresó con el Muralismo mexicano en la carta “La cortina del nopal”, en la cual, a decir de González Gortázar, “pugnaba por la universalidad del arte mexicano; es decir, abrir puertas y ventanas porque consideraba que la demagogia de ese arte nos había encerrado”.

Incluso, comparó a Cuevas con el genio, la potencia y la actitud crítica de José Clemente Orozco: “Su obra es uno de los puntos culminantes del arte mexicano… Su talento fue una bocanada de aire fresco, como lo expresó Juan García Ponce, en el prólogo del libro Cuevas por Cuevas: todo verdadero artista crea su propio mito”.

Casi inaccesible para la prensa, que tuvo que realizar la cobertura a metros del acto oficial -no así los invitados de lujo, en su mayoría funcionarios culturales-, el homenaje excluyó a la poca gente que acudió al Palacio de Bellas Artes, pues no pudo pasar frente a las cenizas, a pesar de que la invitación indicaba que estaría abierto al público. Igual fue prácticamente imposible hablar con alguna de sus hijas.

Sin embargo, Ximena finalmente aceptó declarar ante las insistentes preguntas sobre la herencia, sobre la herencia de su padre que, dijo, es “la educación, la sensibilidad y el amor por el arte”. Sólo por eso, añadió, estaría eternamente agradecida con su padre.

Sin mencionar a Carmen Beatriz Bazán y después de todos los problemas entre ellas, aseguró que su padre ya se encontraba al lado de su madre Bertha y sus ancestros y que se sentía orgullosa de llevar en sus venas la sangre del pintor.

Luego del homenaje en Bellas Artes, estaba programado el traslado de las cenizas al Museo José Luis Cuevas.

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Fuente y nota completa: Proceso México