A finales de mayo, Netflix hizo olas de controversia con su participación en el pasado Festival de Cannes. Okja, del director surcoreano Bong Joon-ho, fue seleccionada para la competencia, aun cuando no se estrenaría en cines: sería una exclusiva de la plataforma de streaming. Éste fue uno de los motivos por los que fue abucheada antes de su proyección, e incluso el presidente del jurado, el cineasta Pedro Almodóvar, se pronunció contra la compañía de Reed Hastings.

 

Eso no evitó que la película fuera acreedora a una prolongada ovación de pie en el certamen, una vez concluida la función. Puede debatirse si la pantalla de casa es o no la mejor forma de disfrutarla, pero Okja es una colorida y vertiginosa fábula que, sin duda, puede considerarse entre los mejores filmes originales del servicio.

 

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Se trata de la historia de dos heroínas: Mija (Ahn Seo-hyun), una niña que vive con su abuelo granjero en el despoblado surcoreano; y la criatura Okja, una “supercerda” del tamaño de un elefante mediano, con rasgos de hipopótamo y carácter de sabueso.

 

Esta última, como todos los de su especie, es propiedad de la Corporación Mirando, y forma parte de un programa de 10 años, en el cual los supercerdos son entregados a diferentes granjeros del mundo para determinar la mejor forma de criarlos.

 

 

Como su protagonista, la película es un híbrido de lo más estrambótico, pero a pesar de ello (o gracias a ello, quizá), es igual de enternecedora. El mundo de Mija y Okja cuenta, en mismas proporciones, con la textura fantástica en una película de Miyazaki, con la inocencia y los vuelcos de una aventura spielbergiana, y con las más desesperanzadoras proyecciones del futuro de la humanidad, típicas de la ciencia ficción.

 

Después de todo, una crisis alimentaria de proporciones planetarias motiva la creación de los supercerdos, y es evidente con qué intención. La conciencia de este destino inminente para Okja brinda una atmósfera oscura y tangible, pues este mundo de pronto comienza a sentirse conocido, en los malos sentidos. Sus excéntricas caricaturas de las corporaciones, de hecho, sólo resaltan su crueldad.

 

 

En esto, la camaleónica Tilda Swinton hace un magnífico trabajo como Lucy Mirando, la presidenta de la compañía antagónica, en su segunda colaboración con Bong Joon-ho (la primera fue en El expreso del miedo, otro futuro distópico). Su personaje, una suerte de niña adulta más preocupada con las apariencias y las complacencias, funciona como sátira de las corporaciones y sus fachadas de corrección política: no importa la barbarie que se oculta bajo la superficie, siempre que pueda mantenerse la atención en una imagen agradable, en el empaque bonito.

 

Jake Gyllenhaal, en una interpretación tan divisoria como ridícula, sirve de continuación a este tema con su doctor Johnny Wilcox, un zoólogo venido a conductor de televisión, una marioneta corporativa que encarna el conflicto entre los medios de comunicación y la realidad que dicen representar.

 

Y claro, ningún conflicto por los derechos animales está completo sin el Frente de Liberación Animal, aquí representado por los jóvenes liderados por Jay (Paul Dano), en un grupo que puede ser tan pacifista como ilógicamente severo. El activismo también se suma a las caricaturas en la colorida Okja.

 

Pudiera sonar a demasiados temas para malabarear en una película, pero ninguno de estos elementos distrae la atención del corazón de la historia: la niña y su mascota. Por el contrario, lo enaltecen al resaltar las paradojas de los conflictos humanos en la Tierra, así como el precio que estos le imponen al planeta y los seres con quienes lo comparten.

 

Okja balancea a la perfección su inocencia y su dosis de cruel realidad. Es un choque perfecto, capaz de inducir las lágrimas ante la sola presencia de tocino.

 

 

Okja

Director: Bong Joon-ho

Reparto principal: Ahn Seo-hyun, Tilda Swinton, Jake Gyllenhaal, Paul Dano, Giancarlo Esposito, Lily Collins y Steven Yeun

Estreno: 28 de junio de 2017

Plataforma: Netflix

Fuente y nota completa: Paréntesis.com