CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Jade Chávez, la mujer tatuada a quien se impidió abordar un vuelo a Canadá, desmiente las aclaraciones de Aeroméxico sobre este incidente, e insiste en que la aerolínea la discriminó y humilló frente a decenas de pasajeros.

“Aeroméxico cometió un error y está ensuciando mi imagen con sus mentiras, como si yo fuera una clonadora de tarjetas o algo así; soy sólo una mujer tatuada, madre trabajadora a la que la empresa discriminó y humilló frente decenas de pasajeros, cuando lo único que quería era tener unas agradables vacaciones”, refiere en entrevista.

También comenta que todo marchaba en orden para emprender su viaje a Canadá el miércoles 7, a la 1:40, ya de madrugada. “Llegué a la terminal 2 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México a la hora indicada para hacer la documentación de mi equipaje y revisar que todo estuviera sin problemas. En ese momento el chico de Aeroméxico que me atendía me dijo que necesitaba una fecha de regreso para poder subir al avión.

“Entonces le expliqué que no tenía fecha exacta, ya que planeaba recorrer algunos parques nacionales y otros lugares, y después visitaría a un amigo canadiense y no sabía cuánto tiempo me quedaría con él”.

En respuesta, acota, “el empleado me dijo que no necesitaba comprar el boleto, que bastaba con hacer la reservación y con eso era suficiente para entregarme mi boleto. Así lo hice y regresé con él para que me entregara mi ticket y me indicara en dónde debía pagar la documentación de la maleta que llevaba. Todo sucedió en orden y, después de sacar dinero de mi tarjeta para cambiarlo por dólares canadienses, me dirigí a la sala de abordaje y ahí esperé hasta que nos llamaran para subir al avión”.

Sin embargo, señala que, “20 minutos antes de la hora de salida, me llaman al mostrador que está en la puerta de la sala y la señora Wendy Gamboa me pide mi eTA y vuelo de regreso. Así que le di mi número de eTA y el número de mi reservación, y entonces me dice que no puedo volar porque ésta no está pagada. Le expliqué que era sólo la reservación porque así me lo había indicado antes el personal de Aeroméxico.

“Me volvió a decir que no y que tenía que estar pagado el regreso, a lo que le respondí que había otras personas en el vuelo con la misma situación y que por qué sólo a mí me imponía esa condición. La empleada contestó que ella llamaría a quien tuviera que llamar y, acto seguido, me dio la espalda para atender a otro pasajero y, al momento de preguntarle por su vuelo de regreso, éste simplemente contestó que no tenía porque iría a otro lugar y ya no le pidieron más.

“Regresé a sentarme para comprar mi boleto por internet, pues en ese momento ya no había ventas en el aeropuerto cuando comenzaron a llamar a los pasajeros para subir al avión. Yo me formé, considerando que mi boleto ya estaba en ese momento en proceso de compra y, en la puerta de la sala, nuevamente me detienen y no me dejan subir al avión, pese a mis explicaciones a Wendy Gamboa y otra mujer que llegó después, me parece que una supervisora”.

Jade relata que ya no la dejaron abordar “pretextando que no sabían si me iba a quedar allá y, burlonamente, una de ellas me dice que me avisó con tiempo (cinco minutos antes de subir al avión)”.

Lo peor es que las personas que tampoco tenían boleto de regreso ya estaban en el avión y, abunda, “yo seguía ahí, sin que me pudieran demostrar que lo que decían era verdad, recibiendo un trato déspota y sin poder hacer nada más que ir a buscar mi maleta, pues cuando pregunté por ella me dijeron que desde antes la habían mandado bajar del avión, y que a las dos de la maña no hay alguien en la aerolínea que quiera o pueda resolver algo.

“Me sentí frustrada, impotente, triste por todos los planes que había hecho y que ahora no podría cumplir, amigos a los que ya no visitaría pese a todo el esfuerzo que había hecho para poder hacer ese viaje… Recogí mi maleta y me fui a mi casa”.

Al otro día, puntualiza, “acudí al aeropuerto para buscar una solución y ésta fue cobrarme un mínimo de $230 dólares para cambiar mi vuelo, más el vuelo de regreso, y además el vuelo al que me cambiarían sería al que ellos quisieran, que podía ser en dos días o en dos semanas, comprometiendo nuevamente mis planes y sin hacerse responsables de nada”.

Tras esa experiencia, Jade decidió acercarse al módulo de la Profeco que está en el mismo aeropuerto y ahí “me dijeron que incluso quien tendría que haberme detenido no era el personal de Aeroméxico, sino migración en Canadá, en donde yo hubiera tenido que demostrar los motivos de viaje. Por ello me recomendaron que hablara a la aerolínea canadiense en donde hice la compra, así que me comunique con la aerolínea West Jet (empresa socia de Aeroméxico), quienes se dijeron muy sorprendidos por la situación y rápidamente me dieron una solución favorable”.

Ahora Aeroméxico, finaliza la quejosa, la aerolínea “responde diciendo que no me dejaron subir porque mi tarjeta era invalida, lo cual es ilógico, de haber sido el caso no me hubieran entregado mi ticket ni dejado documentar, además de que yo tengo el cobro que se hizo a la tarjeta, plástico que es de mi mamá y también tengo el reembolso que me hizo West Jet, el cual nunca me hubieran hecho si la tarjeta hubiera sido inválida”.

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Fuente y nota completa: Proceso México