Hay una crisis en la ciencia. Tiene siete años sonando. Cada tanto, se afirma haber descubierto algo científicamente relevante, alguna cura para una enfermedad o una de las causas que la generó. Luego, otras universidades o centros de investigación tratan de replicar el experimento sin obtener los mismos resultados. A veces lo logran con muchas dificultades; otras, nunca lo consiguen. Incluso hay ocasiones en que los mismos investigadores no logran repetir los resultados originales con el mismo experimento.

 

 

Esto pone en una situación controvertida a la ciencia. Si confiamos en ella es porque creemos que hay algo en común en las disciplinas científicas que puede llevarnos a obtener resultados idénticos en distintos contextos. Es cierto que el método científico, como se ha demostrado en el último siglo, no es rígido y puede variar de disciplina a disciplina, o cambiar de acuerdo con los años y la evolución de la ciencia; pero la repetición o réplica de los experimentos es uno de los pilares de las disciplinas empíricas.

 

En los últimos años, cada vez se oyen más de casos –principalmente en la medicina y psicología– en los que el mismo experimento, ejecutado con los mismos principios y método, lleva a resultados distintos. En la oncología, la situación sugiere que la ciencia no parece ser un piso firme sobre el cual andar, sino un registro de patrones aleatorios.

 

De acuerdo a una encuesta de la revista Nature realizada el año pasado, de mil 576 investigadores en medicina, 70% no consiguió reproducir el experimento de otro científico y 60% falló en reproducir sus propios experimentos. En química, la cifra todavía es más dramática: el 90% de los encuestados admitió no haber podido reproducir experimentos de sus colegas.

 

De 49 estudios médicos realizados de 1990 a 2003, el 24% no se pudo reproducir y sólo el 44% pudo ser replicado exitosamente. En un artículo publicado en 2012 por C. Glenn Begley y Lee M. Ellis, se argumentó que sólo el 11% de los estudios preclínicos de cáncer pudo replicarse. En 2016, un científico reportó que muchos de los artículos sobre cáncer en ratones tenían falsos positivos, o simplemente inflaban los resultados. La traducción de la investigación a la medicina clínica parece resbalosa. ¿Qué es lo que está sucediendo?

 

 

John Ioannidis, profesor de medicina, investigación de la salud y estadística de la Universidad de Standford, publicó un artículo en el que argumentaba que para responder a la crisis, la investigación médica tiene que concentrarse nuevamente en los pacientes, en vez de centrarse en las necesidades de investigadores, médicos y patrocinadores.

 

Esto ha llevado a pensar que la crisis de reproducibilidad en la ciencia es más bien una crisis de producción científica. En las prácticas profesionales actuales se premia a los investigadores de acuerdo al número de publicaciones que alcancen anualmente, por cuántas veces son citados o usados como referencia en otros artículos. A pesar de que las investigaciones son arbitradas por comunidades científicas, las actuales políticas han llevado a una proliferación de investigaciones poco fundamentadas, difíciles o imposibles de replicar.

 

Las editoriales de divulgación de la ciencia hacen lo suyo para contribuir a la crisis. Publican artículos con cabezas llamativas, muchas veces sesgan la información para hacer las lecturas más atractiva. Además, el criterio editorial imperante invita a generar artículos originales, lo que rechaza los artículos en los que se replican experimentos. Por ejemplo, en Inglaterra, sólo el 3% de las revistas científicas de psicología acepta artículos donde se reportan réplicas de experimentos.

 

Entonces, ¿debemos desconfiar en la ciencia? Los científicos opinan que no. De los mil 576 científicos entrevistados, 52% opina que la crisis es auténtica, pero sólo el 31% cree que la falla a reproducir experimentos de otros significa que los resultados del experimento estén equivocados. La creencia imperante es que la crisis tiene que ver más con un fenómeno editorial y de búsqueda de fondos que con la naturaleza de la ciencia. 

 

No se cree que la crisis implique que la ciencia sea un método poco confiable para acercarse a la realidad. Los experimentos en la física no parecen ser tan inestables como en la medicina o en las ciencias sociales.  Desde una perspectiva optimista quizá la crisis de reproducibilidad sea un signo de que la ciencia es autocrítica, que intenta cumplir su función alejándose de un espíritu dogmático y que nunca dejará de autocorregirse. 

Fuente y nota completa: Paréntesis.com