Vivimos con prisa. En este mundo competitivo, sentimos que debemos ser productivos para no “quedar fuera”. La rapidez de las comunicaciones, la búsqueda de rentabilidad a cualquier precio, nos lleva a trabajar día y noche. Dejamos de compartir espacios con los seres queridos, dejamos de divertirnos, pensamos en el futuro y no disfrutamos del presente.

Aparecen las frustraciones, la sensación de fracaso, la falta de realización personal. El estrés se ha convertido en un importante trastorno que afecta la salud, y la calidad de vida de las personas. Tomar fármacos no es la solución, hay que saber reducir la marcha y buscar el tiempo justo para cada cosa.

Entre las muchas alternativas que existen para combatirlo: alimentación equilibrada, descanso suficiente, espacios de relajación y ocio, se encuentra la Terapia de Reiki, que cada día está ganando más adeptos.

El reiki es una terapia milenaria de medicina natural, que se basa en el trabajo con la energía vital. La técnica consiste en la canalización de energía a través de la imposición de las manos en los centros energéticos, chakras o zonas de dolor, a fin de equilibrar nuestras energías, logrando con ello bienestar físico, apertura mental y expansión de la conciencia.

El reiki fluye a través de las manos. Cuando nada se interpone para que fluya la energía, la terapia tiene resultados rápidos y efectivos a corto y largo plazo, desde el comienzo pueden aliviarse considerablemente los niveles de estrés y nerviosismo que sufre una persona, que muchas veces se somatizan a través de dolores de cabeza, musculares, o dificultades para relajarse o dormir.

El reiki aporta una sensación de paz y tranquilidad no solo durante cada sesión, sino que extiende sus efectos mucho después. Alivia las sensaciones de ansiedad, de frustración que acompañan al estrés. En el plano físico, aporta relajación y energía, ayuda a disipar tensiones musculares y dolores de cabeza. Muchas personas a quienes se les da Reiki experimentan que sus capacidades psíquicas se van potenciando en forma gradual.

En mi experiencia como Maestra de Reiki, he visto resultados maravillosos en muchas personas, y no tanto en otras. Creo que se debe a que el estrés, con frecuencia, tiene que ver con cuestiones personales difíciles de afrontar y que, por lo tanto no cambiamos, o no deseamos aceptar. Aunque pensamos que el origen está en factores externos (trabajo, dinero, problemas afectivos, etc.), a menudo lo que realmente causa el estrés es la manera en que confrontamos nuestras propias expectativas con la realidad en que vivimos.

Tratar el estrés a través del reiki solo es efectivo, si la persona tratada está receptiva a mirar en su interior. La pregunta clave es, ¿esa persona desea liberarse del estrés? Si el estrés ha pasado a ser un “estilo de vida”, es fundamental atreverse a dejar caer las barreras, fluir, entregarse a lo que uno recibe y renunciar a la idea de todo lo que uno hace debe ser comprendido. Si hay una entrega al tratamiento, la sensación de paz y tranquilidad que ofrece la sesión de reiki, puede convertirse en un estado de ánimo permanente, ¿y quién no necesita eso?

Fuente y nota completa: Huffington Post Voces